11-10-08 | ACTUALIZADA 14:06

Minuto a Minuto |Toluca

27-05-08|11:27
Visita mercado de pulgas gente “que no se ve tan humilde”
Desde ropa desteñida, pasando por enseres domésticos viejos, zapatos doblados, hasta equipos modulares o refrigerados despintados, son algunos productos que se pueden adquirir, a través del regateo, al precio que más convenga en los mercados de pulgas.
En Metepec y Toluca existen mercados de este tipo, mejor conocidos como El piojo y la Pulga —Toluca— y el Piojo —Metepec—, en donde no importa si los artículos que se comercializan son de segunda o incluso tercera mano, la gente acude asidua cada sábado y domingo a ellos. Una vez limpios y reparados, los productos usados pasan a manos de otro propietario a un precio módico, pues la economía de algunas familias mexiquenses así lo exige. Un par de zapatos a 10 pesos, ropa desde tres a 15 pesos, celulares a 30 pesos, refacciones para automóviles a 30 pesos, la gran mayoría de artículos que se venden en los mercados de pulgas cuestan menos de 50 pesos.
Los puestos están conformados por escasas cantidades de artículos que se colocan en el piso, sobre una manta o una lona, o bien, colgados de lazos; el tianguis es ambientado por música a todo volumen que sale del puesto que discos pirata y el olor de las fritangas.
Carmen vende ropa en el Piojo, además, en Santiago Tianguistenco y Toluca, desde hace más de 10 años, y cuenta que “antes compraba pura gente humilde, y ahorita ya viene más gente, que no se ve tan humilde”. Carmen menciona que en cada venta obtiene ganancias menores a cien pesos, “en ocasiones no me logro persignar, es poquito lo que se vende”, asegura la mujer, quien es jefa de una familia de siete integrantes. El comercio informal, como el que se da en los mercados de pulgas, representa una tercera parte del producto interno bruto, además, no da estabilidad económica al país, pues otorga niveles precarios a las personas que se dedican a él. Sin embargo, la gente tiene que buscar una opción para poder sobrevivir en medio de tanta carestía.

Gisela García Molina


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